Por David Fernández, director de proyectos

Las cajas de ahorros españolas se encuentran inmersas en un periodo lleno de cambios. Más por conveniencia y  necesidad que por amor o convicción, muchas han tenido que darse el “sí, quiero”, para adaptarse al nuevo ciclo económico. Pero si esa alianza supone ya una complejidad a dos bandas, ni que decir tiene cuando en el matrimonio intervienen más de dos actores. Un dicho popular dice que tres son multitud. No obstante, el nuevo mapa de cajas, nos muestra SIPs donde participan 3, 4, 5 e incluso 7 entidades. Cuán complejo no será pues aunar esfuerzo y estrategia para operar como un grupo coherente y alineado.

Es preciso considerar que la situación que vive actualmente el sistema financiero español se caracteriza por un cambio estructural en la economía y por un necesario y obligado cambio cultural en las entidades.

Dejando a un lado la vertiente más política de la situación y cómo se equilibra el peso de cada antigua entidad en la nueva institución, para favorecer la buena marcha de ésta hay que atacar cuanto antes los aspectos más vinculados con el negocio. Esto atañe a varios frentes, entre ellos: recursos humanos, planificación de oficinas, planificación de productos y servicios y, como no, definición de políticas de riesgo. Vamos a centrarnos en este último aspecto.

Uno de los primeros pasos a realizar de cara a las áreas de riesgo de crédito de las nuevas cajas y bancos, pues muchos de estos SIPs constituyen bancos, es determinar y planificar su estrategia de productos, servicios y clientes, y en función de estas definiciones, determinar cuáles son las herramientas necesarias para llevar a cabo esa estrategia.

Lejos de tratar de imponer soluciones de una entidad sobre otra, lo recomendable sería aprovechar la situación para instalar las herramientas  de última generación y más alineadas con las mejores prácticas a nivel internacional.

La táctica

Dado el cambio estructural en el sector financiero al que nos referíamos anteriormente, los modelos con los que trabajan la mayoría de entidades no cumplen su objetivo con la misma precisión que tiempo atrás. Habría que confeccionar un mapa de los modelos más adecuados por tipos de cartera. Es decir, definir políticas de crédito y elaborar nuevos modelos que permitan el análisis y la toma de decisiones en consonancia al entorno económico  en que nos movemos en la actualidad.

El interés de las entidades debe ser poder cambiar ágilmente las políticas y tener los modelos integrados en la gestión de sus negocios. Por ello, una vez diseñados los modelos, conviene disponer de una herramienta integradora, un motor de modelos reactivos y proactivos, que permita modificarlos, evolucionarlos, introducir nuevas reglas, etc.

Para ello, es necesario centralizar, optimizar los recursos informáticos, llevar a cabo una correcta implementación, poder definir de una sola vez las variables de entrada y salida, poder definir las reglas de manera sencilla en un mismo entorno, vincular de manera natural la simulación de escenarios, el seguimiento de los modelos (back tests) y otros  tests de uso.

Altamente recomendable es que las entidades se apoyen en consultores externos que desempeñen el papel de cohesionador. Una figura externa, experta y que actúe como integradora de los equipos provenientes de las cajas originales facilitará enormemente el proceso y orientará al departamento hacia las mejores prácticas, huyendo de posibles suspicacias internas. Y es que aunque en el mejor de los casos la unión la motivara el “amor del bueno”, no hay que subestimar los excelentes consejos de un buen asesor matrimonial.